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Sunday, October 10, 2010

Costo de la vida ahoga a los cubanos

 


Un anciano muestra su cartilla de racionamiento mientras espera su turno para adquirir los productos que le corresponden en una bodega de La Habana.
Un anciano muestra su cartilla de racionamiento mientras espera su turno para adquirir los productos que le corresponden en una bodega de La Habana.
Hasta el mes pasado, Lara Cortés aumentaba su magro ingreso de retiro como maestra en La Habana revendiendo los cuatro paquetes de cigarrillos que compraba mensualmente con la libreta de abastecimiento, subsidiada por el gobierno.
Cortés, de 73 años y quien no fuma, los compraba por 11 pesos y los revendía en la calle por 31, una adición de 20 pesos a su retiro de 260 mensuales, equivalente aproximadamente a $10.83 mensuales.
"Era una porquería, una pordiosería, pero necesario para sobrevivir'', dijo. "Pero ahora los han quitado de la libreta. ¿Qué voy a hacer? ¡Pasar hambre! En Cuba no se puede vivir con 260 pesos''.
Al reducir los subsidios estatales para tratar de salir de una abismal crisis económica, el gobernante Raúl Castro ha encarecido la vida diaria, aceptando implícitamente que el vasto sistema de bienestar social del país ya no es cosa segura.
Castro declaró el año pasado que la promesa revolucionaria de igualitarismo ya no era sustentable, reconociendo que habrá más diferencias entre los que tienen medios económicos y los que no.
"Raúl está desmantelando partes del bienestar social, y la estratificación social basada en los ingresos y la ampliación de la desigualdad aumentarán'', dijo Mario González-Corzo, economista del Lehman College, en Nueva York, quien estudia los asuntos cubanos.
El anuncio del gobierno la semana pasada de que eliminará 500,000 empleos estatales --y que espera crear un número similar en el ahora mínimo sector privado-- ha provocado temores de que decenas de miles de personas queden desempleadas.
Pero las reducciones en los subsidios estatales durante los últimos 12 meses --especialmente en la libreta de abastecimiento, que ofrece un abastecimiento limitado pero a costo muy reducido de alimentos y otros artículos a los 11.2 millones de cubanos-- ya ha hecho aumentar el costo de la vida.
Los más afectados han sido los retirados, los incapacitados, las viudas y otras personas que viven de un ingreso fijo, y el 40 por ciento de la población que no recibe remesas del exterior y tiene que depender de los sueldos estatales, que oficialmente son de un promedio de poco más de $20 mensuales.
"Esto complica muchísimo más la supervivencia de la familia cubana, que ya es muy difícil'', afirmó Darsi Ferrer, un disidente de La Habana que ha estudiado las consecuencias de la reducción de los subsidios.
Con excepción de la salud pública y la educación --todavía gratuitas pero cada vez más limitadas-- Castro ha reducido significativamente los subsidios en muchos sectores para tratar de arreglar una economía en caída libre, debido al desplome de los ingresos por concepto de las exportaciones y el turismo y una fuerte falta de financiamiento.
El gobierno cerró miles de comedores obreros que ofrecían almuerzo gratis a 250,000 empleados, y sus inspectores ejercieron una gran presión sobre los beneficios adicionales otorgados a algunas personas, como los enfermos que necesitan raciones extra de alimentos.
En Santa Clara, en el centro de la isla, los inspectores cancelaron este año los beneficios de 4,700 de las 7,000 personas que recibían asistencia especial, afirmó Oscar Espinosa Chepe, economista y disidente que vive en La Habana.
El gobierno también eliminó los subsidios a sus centros de "campismo popular'', donde los cubanos vacacionan a precios mínimos en tiendas de campaña o cabañas sencillas, por lo general cerca de playas y otros puntos turísticos.
Pero el mayor impacto se debió a la reducción en los suministros de alimentos y artículos de higiene personal que se compraban con la libreta de abastecimiento, un sistema establecido hace 50 años que Fidel Castro ha alabado repetidamente como la manera más justa de distribuir los recursos del país. Raúl Castro reemplazó oficialmente a su hermano en la dirección del gobierno en el 2008.
Funcionarios cubanos reconocen que la libreta de abastecimiento sólo cubre la mitad de las necesidades mensuales de la población, pero la mayoría de la gente afirma que cubre una tercera parte o menos. El resto tienen que comprarlo, a precios mucho más elevados, en los mercados campesinos oficiales, tiendas o en la bolsa negra.
En una isla donde el sueldo promedio es 429 pesos y la pensión de retiro promedio es 262 pesos --aproximadamente $20 y $10.50, respectivamente-- la reducción de las raciones se ha sentido con fuerza.
"La libreta casi me llegaba hasta el fin del mes si desayunaba un vaso de agua azucarada y un pedazo de pan al mediodía'', afirmó Cortés por teléfono desde La Habana. ‘‘Si la siguen cortando me muero de hambre''.
En los últimos 12 meses, las papas y los chícharos (arvejas) fueron eliminados de la libreta y los precios se dispararon: las papas subieron de unos 30 centavos a unos 2 pesos la libra, y los chícharos de entre 10 y 20 centavos a 3.50 pesos la libra. Los cigarrillos, que la libreta asignaba a todos las personas de más de 14 años, fueron eliminados el 1ro. de septiembre.
El café racionado aumentó de 10 centavos por un paquete de 4 onzas a 5 pesos por un peso similar de granos supuestamente más concentrados. La ración de frijoles se redujo en una tercera parte y la de sal en casi la mitad.
En los mercados campesinos, donde los precios los fija la oferta y la demanda, una libra de carne de cerdo cuesta 25 pesos, un aguacate 10 pesos, un mango 10 pesos, una libra de cebolla 20 pesos y un litro de aceite de cocinar 35 pesos. El costo de esos cinco artículos equivalen a una semana de trabajo para el empleado promedio.
"Los salarios son mínimos y los precios muy altos, así que los cambios en la libreta están afectando, sobre todo a los sectores de menos ingresos, los pensionados, los que no reciben ayuda del extranjero'', dijo Espinosa Chepe.
Varios residentes de La Habana dijeron que en la capital hay muchos rumores de que el gobierno eliminará el próximo año de la libreta el café, los huevos, la pasta y artículos de higiene personal, y que el panecillo de 3 onzas que ahora se vende a través de la libreta diariamente por 5 centavos se disparará a 80 centavos.
Un largo editorial de Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, pidió en octubre pasado la eliminación de la libreta de abastecimiento, excepto para los más necesitados.
A esto se agrega la preocupación sobre el anuncio del medio millón de despidos, equivalente a 10 por ciento de los 5 millones de empleados en un país donde menos de 600,000 personas trabajan en el sector privado.
Numerosos cubanos que siguen trabajando a pesar de haber llegado a la edad de retiro han sido informados de que probablemente sean obligados a retirarse, reveló un jubilado de La Habana que pidió no ser identificado para evitar sanciones del gobierno.
Los 10,000 maestros retirados que regresaron a las aulas hace dos años para aprovechar los incentivos ofrecidos por el gobierno a fin de aliviar la escasez de maestros, ahora temen ser los primeros cesanteados, agregó el retirado.
Algunos centros académicos del gobierno están desapareciendo de la noche a la mañana, agregó, y los retirados que operan muchos de los quioscos de periódicos en la capital han sido informados de que tendrán que dejar el empleo a gente más joven despedida de otros puestos.
Más de 150 de los 231 choferes de bajo sueldo asignados a la cadena estatal de hoteles Gaviota serán despedidos, reportó la semana pasada el periodista independiente Carlos Ríos Otero.
Espinosa Chepe señaló que los despidos ocurren en un momento en que algunos cubanos viven bien robando al gobierno, trabajando para empresas extranjeras o como intermediarios en los mercados campesinos.
"Esta economía no es fácil de explicar'', aseguró. "La gente no pregunta cuánto le van a pagar [por un empleo]. Lo que les interesa es qué hay allí que se puede vender por la izquierda [ilegalmente]''.
"Hay dos Cubas''. agregó. "Hay mucha gente ganando mucho dinero y otros que se están hundiendo. Hay una diferencia social enorme y cada día será mayor''.

Instauran la guayabera "diplomática''

La Habana

El Gobierno cubano ha resuelto que la típica guayabera vista a partir de ahora a sus funcionarios en todos los actos diplomáticos oficiales de la isla, donde en los últimos años ha resurgido el uso y comercio de esa camisa, a la que se ha dedicado hasta la sala de un museo.
Con sus tejidos frescos, amplios bolsillos, bordados o pliegues frontales, la guayabera será a partir de ahora el uniforme del cuerpo diplomático y de otros funcionarios por disposición del Ministerio de Relaciones Exteriores, en un nuevo giro de tuerca en la historia de esa prenda.
La camisa, que lo mismo han lucido presidentes que cubanos de a pie, es un icono del vestir en la isla y es considerada "prenda nacional'' junto a la llamada "bata cubana''.
''La guayabera ha estado vinculada durante mucho tiempo a la historia de nuestro país y constituye una de las más auténticas y legítimas expresiones de cubanía, habiendo sido llevada con orgullo y satisfacción por todos los segmentos de nuestra población'', indica la resolución publicada en la Gaceta Oficial de Cuba.
La disposición reivindica nuevamente a la guayabera tras un polémico transcurrir en el último siglo, en el que entró y salió de la moda, fue tildada por unos de elegante y por otros de aburrida, y hasta se vio envuelta en política.
Según ha recogido en varios artículos Ciro Bianchi, periodista y promotor del proyecto socio-cultural "La Guayabera'', en la década de los cuarenta el entonces presidente Ramón Grau San Martín introdujo esa prenda en el Palacio Presidencial, seis décadas antes de que el actual Gobierno del general Raúl Castro haya decidido rescatar la oficialidad de la camisa.
Pero el mayor golpe de efecto protagonizado por la guayabera en el escenario político lo dio el ex presidente Fidel Castro en 1994, durante la IV Cumbre Iberoamericana en Cartagena, Colombia, con un modelo blanco de mangas largas que sustituyó por primera vez desde 1959 a su uniforme verde olivo en un acto oficial.
Aquella camisa es quizás la pieza más importante que hoy tiene la colección de guayaberas del Museo Provincial de Sancti Spíritus, ciudad ubicada a 350 kilómetros al sureste de La Habana y donde presuntamente surgió esa prenda.
La colección, que forma parte del proyecto "La Guayabera'', reúne decenas de camisas que han pertenecido a personalidades como los escritores Gabriel García Márquez y Miguel ngel Asturias, el general Raúl Castro y el presidente venezolano, Hugo Chávez.
El director del museo, Carlos Figueroa, dijo a Efe que el proyecto surgió en 2007 con el pretexto inicial de revitalizar la tradición de la "guayabera'' en Cuba y en Sancti Spíritus, donde incluso existe la costumbre local de celebrar el "Día de la Guayabera'' cada 25 de julio.
Figueroa explicó que han intentado promover en la Asamblea Nacional la iniciativa de establecer un día nacional para la guayabera.
Por su parte, Bianchi asegura que si bien no hay documentos que avalen el origen de la guayabera en la provincia de Sancti Spíritus, tampoco hay datos en contra de esta versión, ni ninguna otra región cubana ha disputado la paternidad de la prenda.
El periodista ha refutado varios "mitos'' por sus errores e inexactitudes, como que la camisa fue usada por los "mambises'' cubanos en las guerras de independencia contra España, que surgió en 1709, o que era la prenda habitual de los guajiros del siglo XIX.
Según su versión, el primer testimonio gráfico que existe de la camisa es de 1906 y, aunque tampoco hay registro histórico, se cree que fue a mediados de los años treinta cuando un presidente le concedió la condición de "prenda nacional''.
Tras el triunfo de la revolución liderada por Fidel Castro en 1959, la guayabera transitó diferentes etapas: pasó del olvido total a ser vista como traje de gastronómicos y burócratas, y luego reapareció como una pieza de lujo, con precios que limitaron su comercio al circuito turístico y en divisas.
Algunos textos de Bianchi indican que siempre fue "cara'', sobre todo por su tradicional tejido de hilo puro. En ese sentido no ha habido grandes cambios en la Cuba actual.
En la mayoría de los comercios de la capital cubana donde se puede encontrar esta prenda el precio de una guayabera oscila entre 13 y más de 100 dólares, en un país donde el salario promedio mensual es de 408 pesos (17 dólares).
Entre las guayaberas más populares de La Habana están las confeccionadas por artesanas y bordadoras del centro histórico de la ciudad, y las que comercializa desde 2007 la empresa Lauros S.A dentro de la línea de ropa "Compay Segundo'', que toma el nombre del famoso músico del grupo "Buena Vista Social Club''.
Los vendedores, compradores, el Gobierno y los "activistas'' de la guayabera parecen coincidir en lo mismo: es elegante, clásica, cómoda y perfecta para usar en el trópico.
Por lo pronto, ha quedado dispuesto que los funcionarios hombres lleven la ‘‘guayabera masculina'' con mangas largas y el diseño habitual en tejidos de color blanco.
Las mujeres usarán la versión femenina con modelos tipo camisera en diversos colores, aunque el reglamento no precisa si habrá cabida para las "guayaberas minifalda'' que se venden también en varias tiendas del país.