Las opiniones que siguen intentan responder a las preguntas que se hacen todos los cubanos hoy: ¿Es salvable la crisis del béisbol cubano en momentos en que ha perdido todos los títulos internacionales que ostentaba? ¿Se puede conformar Cuba con el campeonato mundial universitario que recuperó recientemente en Japón?
Hubo una época que en los juveniles cubanos señoreaban, ganaban prácticamente todos los campeonatos mundiales de la categoría, pero en esa época realmente Cuba llevaba a los mundiales juveniles equipos que, pelotero por pelotero, posiblemente hasta fueran incluso mejores que los equipos nacionales cubanos, los nacionales amateurs. Me acuerdo perfectamente, por ejemplo, de aquel equipo que fue al Mundial de Maracaibo, Venezuela, en 1970, en el que estaban Pedro Medina, Albertico Martínez, Bernardo “Navajas” González, Sergio “Nocheoscura” Ferrer, Héctor Olivera… Si ese equipo jugara hoy con cualquier novena, en una hipotética confrontación de alto nivel, posiblemente ganaría.
Después vino una etapa en la que en los amateurs, Cuba señoreó porque prácticamente no tenía rivales en esa categoría. La situación cambió a partir de los 90 con la entrada de los profesionales, que fue haciendo más compleja la situación para los equipos nacionales cubanos y más complicadas sus posibilidades de ganar.
Pero más que el problema en las competencias internacionales (donde se han ido equilibrando las potencialidades de los equipos, con la entrada de peloteros que realmente tenían las mismas posibilidades que los cubanos, porque eran peloteros que se dedicaban a jugar), repito, creo que el mayor problema es interno.
Me parece que hay varios problemas dentro de la pelota cubana. Uno de ellos tiene que ver con el éxodo de figuras importantes, de figuras menos importantes y de figuras no importantes, pero que representan un número significativo de jugadores. Jugadores maduros, jugadores en plenitud de forma o jugadores en un período de formación… ha habido un éxodo notable. Y creo que más tarde o más temprano va a haber que remodelar la política deportiva cubana -la política específicamente en el terreno de la pelota- y adaptarla a las prácticas internacionales que rigen en estos momentos. Lo que pasa en el fútbol, lo que pasa en el voleibol, lo que pasa en otros deportes a nivel internacional. Kaká, Ronaldinho, Danny Alves juegan con sus equipos en Europa, pero después juegan con el equipo nacional de Brasil; igual ocurre con los italianos, los franceses. El fútbol español tiene varios de sus mejores jugadores en Inglaterra en estos momentos, y juegan después con la selección nacional… y ganan el campeonato del mundo.
Eso es algo que va a haber que resolver en algún momento. Lamentablemente en la pelota hay una incomunicación entre las Grandes Ligas y las competiciones internacionales, en particular en las olimpiadas, donde van muy pocos jugadores de Grandes Ligas por la época en que se celebra. Coinciden con el verano, que es la época en que están desarrollándose las Grandes Ligas, y hay que buscar una solución de calendarios y compromisos para que la pelota, en sentido universal, pueda alcanzar los niveles que merece.
Un deporte del siglo XIX
Esto tiene mucho que ver, aunque parezca que no, con el tema de la crisis cubana, porque esos peloteros que pueden jugar o no en Grandes Ligas, o en Ligas Menores o en las que sea, o pueden jugar dentro de Cuba, necesitan ese nivel de competitividad que se ha elevado en el mundo completo. No es para nada una casualidad que los dos Clásicos de Béisbol, en el 2006 y 2009, los haya ganado Japón y que el actual campeón olímpico sea Corea del Sur. Eso es una derrota para Cuba pero también es una derrota para los Estados Unidos, porque estamos hablando de Cuba y Estados Unidos, los dos países que han sido históricamente las dos potencias en el béisbol y se han visto desplazadas en las grandes competencias internacionales.
Por otra parte, hay un fenómeno que hay que repensarlo no sólo en Cuba, sino también a nivel internacional, en los países donde históricamente se practica la pelota, y que está relacionado con la misma exigencia del deporte. La pelota es un deporte del siglo XIX, absolutamente decimonónico en su ritmo y en su pensamiento. Es el único deporte en el que en cada jugada hay 40 posibilidades de responder táctica o estratégicamente a una determinada situación de juego; en el que la inteligencia no puede ser intuitiva, sino analítica, porque hay que decidir muchas cosas.
Por ejemplo, el otro día veía un juego de la Liga Nacional donde el pitcher batea; en la Liga Americana el pitcher no batea. Eso significa que son dos juegos de pelota completamente diferentes. Y no es lo mismo cuando le dan una base por bola a un tercer bate que cuando le dan una base por bola a un octavo bate. Todo cambia en la pelota, dependiendo de la situación específica del juego. Esa riqueza de la pelota no puede verse lastrada con el exceso de lentitud que hoy se siente en ella, porque el mundo va a otra velocidad. Por lo tanto, creo que incluso a nivel de organización de los juegos, la pelota va a tener que remirarse a sí misma para poder ser un deporte atractivo, masivo, en el siglo XXI.
¿Es salvable la crisis del béisbol cubano? Creo que sí en la medida en que Cuba es una fuente tremenda de jugadores, lo ha sido siempre, lo ha sido desde el siglo XIX. Pero habría que mover determinadas estructuras sobre todo en el placer del juego, en la práctica masiva de la pelota como expresión de un gusto y de un espíritu. Cada vez hay menos terrenos donde practicar, cada vez a los muchachos les cuesta más trabajo jugar pelota y se ha ido convirtiendo -como el voleibol- en un deporte que se practica en la esfera del alto rendimiento, de la élite.
La esencia de que en la historia de Cuba hubo tantos boxeadores y tantos peloteros es que dondequiera había un ring de boxeo y dondequiera había un terreno de pelota. Y la pelota siempre se asumió como una práctica en la cual los cubanos satisfacían una de sus necesidades de expresión a través de un deporte.
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